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El Delincuente.

Hoy es un día de esos que no me voy a olvidar nunca.

Se cumplen ya 10 años desde aquella vez que lo vi. Sí, ese ladrón o lo que él fuese.
Todavía se me erizan los pelos cuando veo en mi cabeza su imagen, todavía recuerdo cuando la víctima vino hacia mí muy asustada, pálida y atónita por lo sucedido.
Recuerdo sus palabras: incoherentes e inconexas, sus lagrimas, su conmoción…

Yo: Sí. Señora, por favor, coopere conmigo así podremos atraparlo más rápido.
Ella: E-el ladrón… e-está acá... (Hablaba temblorosamente)
Yo: Señora, no creo que el ladrón, esté acá… Mi compañero entró para empezar el identikit.
Yo: Señora escúcheme necesito que me diga cómo era él… Su rostro: ¡enfóquese en su rostro!
Ella miró hacia abajo y empezó a sollozar desconsoladamente...

Cuando se tranquilizó, finalmente logró esbozar algunas palabras aún con dificultad.

Ella: Era un rostro. Flotaba dentro de su capucha. Deforme.

Su silencio me decía que algo no andaba bien, le pedí más detalles y no supo dármelos. Como si hubiese visto algo y a su vez no. Desconfiaba de ella misma y de su imaginación.
Mi compañero tomó nota de todo. Terminamos el identikit y esto fue lo que salió.

Pasaron dos semanas y del supuesto ladrón no existía noticia, hasta que llegó el día en que sí…

Eran las 2AM me encontraba en el patrullero, solo y con sueño.
En lo que recibo la llamada de central de policías sobre un caso delictivo a pocas cuadras de donde estaba ubicado.
Enciendo la sirena y me dirijo hacia el lugar: una obra en construcción. Al llegar no encuentro al vigilante en la entrada ni a nadie.
Procedo a entrar en la obra. Un galpón enorme, vacío, muy oscuro. Mi linterna no llegaba hacia el final porque tenía muy poca visibilidad. Apunto hacia el piso y encuentro unas manchas de sangre, inmediatamente me subió la adrenalina. No sabía que me podía encontrar: ¿un herido? ¿un homicidio?

Me giro nuevamente y apunto con mi linterna. Iluminaba justo una habitación del galpón, en la puerta se apreciaba manchas de sangre. Me acerco y eran manos.
No quería entrar. No debí entrar. ¿Por qué lo hice?

Al entrar a la habitación, lentamente desenfundo mi arma. Volteó a mi izquierda y me encuentro con el cuerpo del vigilante en el suelo. Había mucha sangre alrededor, estaba ubicado a 4 metros del cuerpo. Encima de él: un trapo negro en forma de buzo. Camino hacia allí y, no sé si fue el miedo, no sé si fue la adrenalina, pero me sentía observado.

Comencé a sentirme perturbado.

Entonces fue en ese momento donde él se hizo presente. El buzo empezó a levantarse del cuerpo muy lentamente. Quede inmóvil. No podia creer lo que veía: algo vacio levantándose solo. Quise gritar y no pude, quise correr pero no podía salir del estado de shock.

Completamente erguido se encontraba frente a mí. Con la capucha hacia abajo.
Mis ojos lagrimeaban. No entendía si todo era real o si estaba imaginando esa situación. Tuve que disparar. Me encontraba acorralado por el miedo. Fueron 3 disparos seguidos y nada pasó. Sólo sentía el humo del revólver y el olor a pólvora, que demostraba que todo era real.

Esa cosa seguía en su lugar como si nada. Sin ningún rasguño.
Mi adrenalina me consumía, quería correr. Un paso atrás fue mi peor decisión.
Su capucha se levanto rápidamente, pude ver su rostro. Estaba flotando. Tartamudeé solo hablándome a mí: E-es él.

Intenté comunicarme, pero fue en vano, esa cosa no respondía. Me miraba fijamente a los ojos como si quisiera asesinarme. tuve que haber huído, pero ya era demasiado tarde…

Él se abalanzó hacia mí y caí inconsciente.

Soñé con él, me devoraba desde los pies hasta la cabeza en total oscuridad.
Desperté en el hospital más cercano del lugar de los hechos.
Solamente el doctor estaba en la sala, afuera se encontraban algunos camaradas.

Me explicaron todo. Mis compañeros me veían extrañados y con desconfianza, como si no me conocieran, me preguntaron porque lo había hecho. Yo no entendía a qué se referían…

El abogado entró, y fue en ese momento que perdí la cordura, me enseñó esas imágenes. No podía creerlo, yo estaba arriba del cuerpo del vigilante manchado de sangre, con pedazos de carne en mi boca, y con el buzo negro puesto. Comencé a gritar. Sólo fue para peor. Nadie me creyó. Intente explicarlo, pero, todo fue inútil.

Llevo 10 años en prisión por una condena perpetua. Él todavía aparece en mis sueños, pero no habla. Preguntas sin sentido se me aparecen en la mente. No pude correr. No debí entrar. ¿Qué paso con el buzo?
Lo siento, pero hoy ya no aguanto más: Adiós.

Tras despedirse, se pone su capucha y se pierde en las lejanías de la noche

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