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Mi voluntad se encuentra dañada. Para el anon lector.

Eso.

Ivanovka.


Esta historia comenzó hace unos años atrás. En ese entonces yo cursaba el último año del secundario, asistía a una escuela estatal, a donde frecuentaban chicos de clase media y clase media alta, con inclinación a la economía, los primeros años fueron buenos y malos, estos estaban librados a la contingencia que adviene y se presenta ante los jóvenes que buscan respuestas, y la jovialidad se hace ausente por momentos y nos enfrentamos a una vida sin sentido y sin respuestas ante la mismísima angustia que implica existir. Mis relaciones sociales eran bastante complejas, era un chico introvertido, con personalidad obscura, padecía de fobia social, hijo único de padres separados, incomprendido en cierto punto, cuestionar todo en esta cultura del sálvese quien pueda es un castigo para quienes nos aventuramos a este mundo. Canalizaba todas mis frustraciones en el colegio, caí en la rectoría por actos de vandalismo en varias oportunidades, mis notas vacilaban entre bajas y muy bajas, convivir en esa institución fue casi un castigo, en donde anegaba mis deseos para satisfacer el de los demás, un claro ejemplo fue dejar de lado los textos literarios, el arte que tanto amaba, para fundirme y someterme a los sistemas curriculares que tanto detestaba. Ahora ustedes se preguntaran, mis relacionas amorosas eran casi tan complejas y desgraciadas como se me hacia la tranquilidad en ese entonces? No, tenía un amor, Perséfone, esta era compañera y amiga de mi prima Anabella, las dos cursaban en humanidades al lado de mi curso. Me acerque a ella en una fiesta, era inevitable el acercamiento, ya que nuestros rostros se regalaban sonrisas mutuamente y miradas cómplices en el recreo de la institución a la que asistíamos, nuestros ojos se entendían como el invierno suizo lo hace con sus grandes montañas. Algunos de nuestros gustos personales eran compatibles, de hecho su personalidad y la mía compartían una gran similitud, Perséfone arrastraba desde su infancia un profundo dolor y sensación de abandono por parte de su madre, esta los había abandonada a ella, a sus hermanos y a su padre hace unos años atrás, su dolor me retorcía el corazón al mismo tiempo agradecía su atención para con este individuo que recién daba sus primeros pasos en el amor, que solía golpearse constantemente con la realidad de ser despreciado y separado por la turba. Meses después nuestra relación se terminó, fue decisión de ella, entendí que mi personalidad era en cierto punto avasallante y mis demonios más turbios que los suyos, por su parte Perséfone dio un paso gigante y dejo atrás muchos de sus temores internos. Llore pero la entendí, aun la recuerdo, yo sin embargo me sumergí más en la desesperanza, conocí los vicios, me volví un jugador de la noche, mi voluntad en ese entonces estaba malograda, como el jugador que posé el ultimo sentimo en el bolsillo y sin embargo consiente que puede perder todo incluso la vida arriesga su última moneda, y deja todo al azar. Pasaron tres años, de lo que yo llamaba la liberta absoluta, muy engañado estaba, frecuentaba fiestas, conocía rostros, que tiempo después eran enterrados en mi mente, concurría frecuentemente las noches en donde solo acechaban los murciélagos en busca de sangre fresca, perdí el control en un momento, era preso de las cosas, ellas me tomaban por sorpresa y me llevaban a lugar inhóspitos de la ciudad, era un esclavo de los juegos. A pesar de la obscuridad, que solía tomar posesión de mi constantemente yo veía el solo de vez en cuando, alumbraba mi ser por momentos, una mañana el sol desapareció, seguidamente se fueron las estrellas y me quede sin un astro que acompañe mi solitaria vida en esos momentos de cordura vagos pero reflexivos al fin, mi voluntad no vacilo y me acerque al infierno sin temor. Desperté una mañana cansado, encontré en mi bolsillo un número de teléfono, similar a una ficha, no vacile y jugué mi última partida, era arriesgarme o la mismísima muerte se cobraría mi alma en cualquier momento. Ella me atendió, una tarde, su ser me alumbro casi por completo, me desperté de las tinieblas, si era ella, Ivanovka, tan dulce y despierta como las flores de primavera, solíamos juntarnos a caminar entre medio de las flores de una plaza vieja en mi barrio, ella me daba vida junto a la naturaleza que rodeaba mi cuerpo y mi mente que destellaba felicidad, guiños cómplices me regalaban miradas de presente y futuro, solíamos fundirnos en abrazos bajo una palmera en la noches de invierno en donde los murciélagos corrían a su hogar, pero nuestros corazones latían tan fuertes y con tanta pasión que nos habilitaba a quedarnos y velar noches enteras si sentir las bajas temperaturas, que no hacían efecto antes nuestro cuerpos rodeados de pasión y fuego de nuestras almas. Las noches dejaron de ser solitarias y negras para mí y pasaron a ser de todos los colores y matices que me regalaba su amor. Una noche fui a buscar a ivanovka, en el camino a su morada encontré un joven tambaleando en la calle, saco de su bolsillo unos dados, no vacile y enfrente la calle sin temor. Horas después Ivanovka me encontró en medio de un partida, ella destetaba los juegos, su alma era demasiado pura para teles desviaciones mundanas, solo tener el don de acercarse a jóvenes jugadores y sacarlos de ese inferno en el cual estaban sumergidos, un alma generosa por cierto. Me miro a los ojos, golpeo mi mejilla con su mano izquierda, la impotencia se apodero de ella, encogió los hombres, su mirada apunto al suelo, de súbito la levanto y apunto su negros ojos hacia los míos, que yacían en mi cara perturbada por la situación, mi alma por dentro se había roto, comprendí en ese momento que nuestros cuerpos ya no podían estar juntos. Hizo tres paso al costado, con un doloroso adiós se despidió de mí. Años después me encuentro acá, desde que perdí a ivanovka no he vuelto a jugar, los vicios no están desde aquella noche fría y obscura, en donde perdí lo más preciado en mi corta vida. Mi alma sigue clamando por la presencia de la suya. Extraño mucho a ivanovka, sé que no va a volver, me aferre a la idea de no jugar, esto aviva la esencia de su amor en mí, y siento su mirada clamando por mi tormentosa alma. Adiós ivanovka.

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